Retoñar, meses despues.

La primera vez que escribi sobre las plantas de mi madre no sabia que la presencia de colibries se asociaba a las personas que ya no se encuentran entre nosotros, simplemente coincidió y lo escribí.

A lo largo de estos meses de luto ese legado familiar de plantas ha supuesto un reto: de no saber nada de plantas  ahora reconozco (aunque no tan facilmente) las plagas, el tipo de abono, detectar humedad en raices, hojas y tierra. Aún no les hablo, el concepto de hablarles a las plantas no cuaja en mi; sin embargo les envio buenas vibras cuando la ruda y las rosas regalan su aroma, cuando se abren los galanes de la noche, las chulas y cuando las pascuas, sábilas y suculentas muestran su intenso verdor.

El complicado de alguna manera son las orquideas.

Despues que mamá partiera, todas las plantas, todas sin excepción se marchitaron, en algunas el mustio fue temporal, otras se perdieron y con algunas se ha batallado...por ejemplo con las orquideas. Se buscó ayuda de expertos, se aplicaron remedios, se les cambio de lugar una y otra vez mientras se revisaban a diario, y un dia cualquiera comenzaron a retoñar.

Lo cierto es que no sé que signifcado tienen esos retoños, es una de las raras ocasiones en las cuales decido sentir y no pensar. Marinero se queda viendome, porque a su vez estoy inclinado viendo y tratando de prestan atención a los pequeños pliegues de las hojas, tratando de descifrar que puede significar o si hay relevancia en ello.

Me inclino a pensar que siempre habra oportunidad para pensar en el significado de las cosas; o bien pensar en la felicidad puede que deje de importar; sin embargo lo primero es vivirla, sentirla, asimilarla, cerrar los ojos, escuchar el ruido y el silencio, sentir con cada milimetro de piel, abrir los ojos y agradecer esos momentos que al parecer no significan nada y a la vez significan mucho.




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