Antidepresivo

 Como no se trata de mí, no voy a dar explicaciones.  Me limitó a decir que era una etapa con depresión, de esas donde te recetan medicamento para equilibrar tu química, de esas de dormir como oso y sonreír mientras respondes que "todo está bien" a quien sea que pregunte.

Papá creció en la zona rural, en esa infancia en la cual el cantón lo es todo y lo que hay más allá, esta bonito; pero nada le gana al cantón.  Cuando papá ya docente "el profe Ricardo " tuvo que elegir donde trabajar, eligió un cantón en las afueras de San Salvador, en las faldas del volcán. Cada mañana salía de la ciudad y volvía a esa ruralidad, a la vegetación, neblina, aves cantando y agua de cántaro que - supongo yo - le fascinaban.

De papá aprendí a amar la fotografía, viendo clásicas películas de vaqueros con fondos de montañas y atardeceres con azules o naranjas sobre colinas verdes o llanuras amarillas. Un día cualquiera me vio sentado en la mecedora mientras no hacía nada más que ver a través de la ventana y pensar que morimos a cada segundo y un día moriremos de una vez. Se acerca y me dice: -¿Vamos mañana al volcán? llévate la cámara. 

Recién había terminado la guerra, el turismo y zonas recreativas eran palabras lejanas y la zona del Boquerón era como el recuerdo de un sueño del cual recién te vas despertando. Iniciamos el ascenso desde el redondel Masferrer, ese el de la bandera, dejamos atrás lo urbano, luego lo rural y nos adentramos en cantones. Al llegar al Boquerón comenzamos a descender al cráter, nos tomó unas 8 horas subir y bajar a pie, en algún momento nos detuvimos a tomar aire, nos sentamos uno junto al otro en un piedra, a beber agua, me quede sentado mientras papá se alejó de mi acercándose al borde, de espaldas como si fuera un monologo dijo:

- Así es esta vida, disfrutas lo bonito, disfrutas la familia, no lo haces caso a la gente tonta, uno no se ahue#%e y sigue adelante.

Entonces tomé una foto, ahí está en un álbum, una foto de papa con gorra, de espaldas con fondo de cráter. Recuerdo que pasamos un rato más en silencio, él viendo el paisaje y yo viendo mis zapatos.

-Así es esta cosa, en vida hermano, en vida.

Al siguiente día dos cosas pasaron: la primera es que ese fue el último día que me la pasé en la mecedora viendo pasar el tiempo, solo hay una vida y si, es posible que un día ya no estemos acá; pero, este día actual ¡vivamos!  ¡a  plenitud! y siendo felices. Por si nadie te lo ha dicho: qué sentir es una decisión, uno decide ser feliz, sin accesorios, sin muletas, decides ser feliz y eso es todo, lo demás lo vas arreglando en el camino.

La segundo fue empezar a coleccionar esos momentazos, esas anécdotas con papá, con mamá, con las hermanas, con los amigos, con las mascotas, con quien te rodee, porque esos momentos no van a repetirse, porque los recuerdos felices solo los consigues si estas completamente atento a vivir.

Cada día, cada paso, cada dificultad me hacen recordar esa ascensión, esa frase que se repetía cada vez que surgía una decepción o un obstáculo: 

- Usted no se ahue#%e!! que así es este volado, siga adelante. 

Cada día tiene su afán, este día – hoy - el afán fue recordar la lección que la mejor sanación casi siempre es con ingredientes naturales.

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