EL NIÑO VAQUERO

 La entrada de Chuck Connors en “El hombre del rifle” era espectacular a mis ojos, en horario de domingo al mediodía, a blanco y negro era el programa obligado durante el almuerzo. Aunque el género western me ha gustado desde siempre, no ha sido mi favorito, en cambio era el favorito de mi papá desde siempre, desde su niñez en las polvosas calles de Jucuapa jugaban, según me contaba, a ser un doble de John Wayne en "Jinetes del destino".

-             -Papá ¿y tenían televisión?

            -No, no teníamos. Teníamos que ver desde la puerta de la calle, en la casa de alguien             que si tenía.

Luego hacia una pausa, como quien recuerda algún accidente y la cicatriz que deja:

-             -Siempre hay personas que no saben manejar la envidia y cierran la puerta.

El western, el cine de vaqueros e indios nació en EEUU; sin embargo, por costos de producción entre los años 60 y 70 se movió a Italia y España, de ahí que se llamara “Espagueti” Western.  Lee Van Cleef, Yul Bryner, Franco Nero, y el icónico Clint Eastwood se enfrentaban entre ellos o contra los indios encarnados por Anthony Quinn y Charles Bronson, entre otros. A papá le fascinaban los fondos espectaculares de montañas al atardecer, de praderas con cielos azules que hacían que la televisión de tubos parpadeara, las miradas de los “malos”, las caras inexpresivas en cara de los “buenos”, las tretas de pequeñas armas escondidas, de caballos que respondían a un silbido.

-          Papá y realmente lo que se puede ser posible.

-       -Es una película – me respondía – pero, tu abuelo Quique podía derribar un caballo agarrándolo del         cuello.

-           - Papá y si pudieras estar dentro de alguna película ¿Cuál sería?

-          - Hay varias; pero, tendría que haber una persecución a caballo de un tren, para subirse             al ultimo vagón y un duelo final, en las calles de un pueblo.

Luego de eso hablamos de trenes, de la felicidad de haber abordado uno, de correr junto a ellos, por ahí hay un relato del tren- cohete.

Papá hubiera cumplido 84 años el pasado viernes, ya no está físicamente, tampoco tenemos muchas películas de vaqueros; pero, encuentro a mi papá cada tarde, en cada atardecer cuando las ultimas luces del día, me hacen recordar que siempre hay un jinete, un vaquero que se aleja al oeste en las puestas de sol, con la promesa de volver la mañana siguiente a salvar el día.

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