CASTOR COJUELO
El libro era patrocinado por Selecciones de Reader´s Digest, aunque se publicó
tal como un libro a mí me tocó leerlo condensado y la verdad no hay queja sobre
ello. El libro era del género western, el autor James A. Michener y el titulo
traducido al español es: “Castor Cojuelo, la vida de un indio de las praderas”.
Durante mi adultez intente encontrar el libro; pero, la traducción de “cojuelo”
me complicaba la búsqueda, no encontraba el significado apropiado en español,
por lo cual la búsqueda en ingles era igualmente dispersa.
El libro recorre la
vida de Castor Cojuelo, un sioux desde su niñez hasta su muerte, a lo largo del
relato descubrimos la pradera, compartimos los primeros contactos con el
misterio de la vida, el aprendizaje por medio de errores, lo maravilloso de la
naturaleza y el miedo a la muerte. Precisamente lo que me impacto fue lo
siguiente: la vida en las praderas exigía movilidad, alguien a paso lento
retrasaba a la tribu completa que se vería en la necesidad de disminuir la velocidad de la
marcha, en batalla seria alguien más a quien defender, lo mismo si existía la
necesidad de huir, una boca a quien alimentar y que no podría aportar a la
tribu. Por ese motivo las mujeres mayores se alejaban de la tribu, internándose
solas en el bosque hasta perderse, los guerreros viejos elegían una batalla, se
ataban un pie a una estaca y clavaban esta estaca profunda en la tierra, de esta
forma si la tribu perdía la batalla, los vencedores se detendrían a luchar
contra el viejo guerrero limitado de movimiento; concluía el ciclo para un
anciano guerrero experimentado y prueba de fuego para guerreros jóvenes.
La
historia me ha perseguido desde la niñez, inicié pensando que era heroico, luego
pensé que era poco práctico, pasando por “cosas de la vida”, “temas de
costumbre”, hasta que finalmente un día X reflexioné lo siguiente: ¿y si de
alguna forma todos tenemos algo de sioux, algo de Castor Cojuelo dentro de
nosotros? Acaso cuando tenemos esa sensación que hemos perdido vigor, fuerza,
agilidad nos “atamos” a una estaca con la cual nos negamos movilidad, empezamos
a repetir frecuentemente que “así lo he hecho siempre”, “así me gusta”, porque
entre el miedo y el valor deseamos tener el control de nuestro Destino, deseamos
enfrentar la vida hacha en mano y no de rodillas, con ese vago orgullo de haber
decidida las condiciones en las cuales pelear.
Cualquier enfermedad terminal es
pavorosa, tener la certeza de un plazo para la fatal despedida es sobrecogedora
y únicamente el paciente, quien la vive, sabe cómo enfrentarla y los motivos
para hacerlo de esa forma, algunos deciden la forma de Castor Cojuelo, trazan su
círculo, se deciden a mantenerse luchando hasta el fin y entonces volvió a mi
ese primer pensamiento que dicha acción era heroica, no por el bélico y
enardecido grito de: “hasta la muerte”; sino por el coraje personal de enfrentar
el miedo final de pie, afrontando que solos hemos venido y solos hemos de irnos.
Dios o el Destino nos concedan ese espíritu, esa fuerza, la última y buena
batalla.
Cojuelo hace referencia a cojear, Castor Cojuelo es un castor que cojea
levemente al andar. Siendo el castor un mamífero que mayormente pasa nadando,
siempre me llamo la atención sobre ¿cómo puede cojear un castor? No me ha sido
posible encontrar la versión condensada del libro en español y en ingles
únicamente está disponible para venta en EEUU. Si les interesa el título en
inglés es “Lame Beaver: the Life of a Plains Indian”.
Imagen creada con IA


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