LOS PLATOS SUCIOS

Con mucho orgullo y ufano le dije a una de mis hermanas:

-        - He logrado tal dominio del stress y cuido mi paz interior que unos platos sucios al final del día no me quitarán la tranquilidad, puedo dormir mondo y lirón sabiendo que esos platos amanecerán sucios y mañana puedo hacerlo.

Y me hizo esa mirada de enigma que hacen siempre las mujeres cuando preguntan sabiendo las respuestas…y el tiempo pasó.

Existían días que el lavadero estaba libre de platos; pero, eran más los días que quedaban un par y quizás alguna sartén u olla. Los días transcurrían y de repente veía alguna mosca persistente, alguna hormiga y la flamante respuesta fue comenzar a dejar platos y vasos boca abajo, ¡total! Si los insectos buscan azúcar que la encuentren derramada en el lavadero y no en el interior del cuenco. Luego pasó algo similar con los pisos y el cansancio diario, la limpieza que tocaba ayer, lo mas seguro es que se hiciera mañana (o pasado) porque hoy estaba cansado; pero, no iba a “perder mi paz interior”. El mismo día que caí en cuenta que mi paz interior ya llevaba 6 días ignorando a los pisos, vi horrorizado que las hormigas comenzaban a devorar las verdes hojas de la Pascua, que sentía más zancudos quizás por las plantas que estaban en agua, que me pareció ver un par de geckos al acecho de insectos rastreros y una imagen vino a mi mente:

La imagen de una represa de agua, en cuya pared exterior por medio de una mínima grieta comienzan a filtrarse un casi imperceptible; pero constante goteo.  Y entonces ya nada me gustó.

Imagen generada con IA

Tardé alrededor de 15 días en ir eliminando costras, sombras de agua, manchas y otras pequeñas cosas que mi paz mental ignoraba y se me ocurrió mientras restregaba una piedra pómez contra la cerámica, que de alguna forma los sentimientos en nuestra casa interior tienen similar comportamiento y trataré de explicarme.

Mucho hablamos de cerrar ciclos – de guardar un luto después de cada perdida o derrota – que se vale llorar – dejar las cosas viejas antes de mudarse a otra casa y otros tantos ejemplos más, y es que normalmente nos percatamos en lo mas grande, en lo que tiene mas volumen; pero dejamos de lado esas pequeñas piedras en el zapato, esa espina en la planta del pie que dudamos sacar por el dolor que puede provocar y preferimos acomodarnos, caminar de lado, o no caminar; para evitar un dolor y por este mecanismo nos privamos de una acción liberadora y de una vida de paz.

No fue fácil, había que levantarse cuarenta y cinco minutos antes, atender las plantas, platos de inmediato, pisos periódicamente, y pasé al ejercicio mental y anímico de cada noche, soltar las frustraciones, dejar ir los miedos a diario, los resentimientos, las malas vibras; porque al privarnos de esa limpieza diaria empieza a nuestra alma a acumular un tipo de polvo que primera la opaca y luego completamente la ennegrece. Que esa acción de “darnos fraternalmente la paz” no sea tan semanal y se vuelva diaria.

Otro día estaba lavando platos cuando llegó mi otra hermana y con una gran sonrisa me dice:

-        Yo no voy a cuestionarte tu grado de limpieza.

Sonriendo el conteste:

-Si bien es cierto es para mí; también es cierto que es mi aporte al mundo.

Quizás leyendo esto, entienda mi risa de esa tarde.


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