El ciclista del pan
El libro se suponía
que iba a llamarse “Las reglas de la vida”; definitivamente no es nada biográfico;
sin embargo, cada vez que escribía algo, los comentarios eran bien dándome ánimos
o de alguna forma mostrando solidaridad y pues…nada que ver.
Con el tiempo debido a las múltiples ocupaciones, hay tardanza en escribir el dichoso relato; pero he ido agregando a la línea central del relato, varias líneas paralelas o sub tramas y si, hay una que no es biográfica o más bien que sí, y es la siguiente:
Una vez escuché que el hogar es la infancia y con esa lógica podría afirmar que mi hogar este
enclavado en ese barrio de gente emprendedora y trabajadora. Eran tiempos de un
solo televisor, de emisoras de radio con música bohemia, de ese tipo Jose José
y José Luis Perales que se peleaban el tiempo al aire con rancheras de Pedro Infante
y partidos de futbol entre el José María Gondra contra la UES. Y a pesar que
eran tiempo de guerra y el fantasma del reclutamiento forzoso circulaba en el
aire uno de los pasatiempos era ver la calle a través de la ventana o la puerta,
a veces solo, a veces con alguien de la familia siempre a escondidas de papá a
quien no le gustaba vernos jugar en la puerta. Una de los personajes era el
ciclista del pan Care, y entro en detalles, nunca supimos que significaba la
marca, solo sabíamos que el muchacho moreno, delgado, alto (quizás media un
metro ochenta o cerca) pasaba en una bicicleta marca Corsario de reparto, de
esas que tienen una estructura tipo canasta al frente, era la bicicleta color
negro, lo mismo que su cabello colocho y largo o como normalmente lo llamamos
tipo “afro”. Pasaba regularmente vendiendo pan o repartiendo, porque la bicicleta
iba llena de bolsas de pan dulce. Alguna vez recuerdo que mamá le compró algo;
pero, recuerdo que lo de él era repartir a los clientes de la panadería.
Cuando estamos de menos de diez años, los jóvenes
de veinte y algo los vemos como mayores, ¿o solo me pasaba a mí? bueno, recuerdo
que de niño veía a ese joven o señor pasar con su bici, a veces muy tarde en la
noche, a veces muy temprano en la mañana. Antes de mis veinte emprendí un
malogrado viaje y regresé a casa, a tiempo para madurar un poco y el seguía con
la rutina de pasar en bicicleta. Llegué a mis treinta, nuevamente emprendí otra
etapa que me alejo de casa y al regresar a mis casi cuarenta, seguía pasando
con su bicicleta y sus panes, menos llena la bicicleta, mas competencia quizás,
conservaba su físico, el cabello era menos rebelde y la cantidad había disminuido. Una vez mas volví a alejarme de casa, regrese
a tiempo de pasar tiempo con mamá y bueno, la casa no pasa con las puertas y
ventanas abiertas como en la infancia (a veces me siento como dentro de “Cien
años de soledad”; durante varios meses al salir o entrar a casa recordaba al
personaje y la persona, hace dos semanas mientras caminaba con el Marino lo vi
a lo lejos, pasar una calle caminando, sin la bicicleta; con un caminar lento,
pero, pedaleando aún la vida. Ciertamente hay canas, la expresión facial permanece,
parece cercano a los sesenta Pensé dos veces acercarme y saludarlo, dudo mucho
que él sepa quién soy; pero, quiero averiguar más del personaje de mi relato, o
quizás sea yo queriendo encontrar en la investigación, una excusa para regresar
a la maravillosa infancia.

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