Retoñar
Mamá partió un
lunes en la madrugada, como ella misma nos había adelantado varias noches
antes; tenia que irse temprano para llegar a su casa, en San Salvador o en
Santiago, por error pensábamos que deliraba; simplemente veía y sentía cosas
que nosotros no podíamos.
Es increíble lo
que un sepelio significa en desgaste material, físico y emocional; sin embargo,
recibir las solidaridad de familiares y amigos, ya sea que están presencial o
virtual ayuda a sobrellevar la experiencia.
Paréntesis: mi
bella madre contaba vivía a su manera esas experiencias, los funerales de tíos
y familiares no estaba completos sin los panes con pollo, tamales, galletas,
pan dulce, café, jugos, gaseosas y para quienes llegaran de lejos, un comida
formal con chengas (les dejo la tarea el significado de chenga).
Estoy convencido,
por mi experiencia que el verdadero luto y duelo comienza posterior al sepelio,
cuando vuelves a lo “normal” y ya nada es normal, cuando empiezas a notar los
espacios vacíos, los silencios donde antes había platicas, entonces comienzas a
caer la soledad en ese silencio que, aunque no lo crean, tiene color, es café oscuro,
como una fotografía sepia, entonces noté las flores, las niñas de mi mamá y
estaban algunas marchitas o muertas.
Y dado que no sabía
(aun no sé) mucho de plantas, empecé a preguntar, mis hermanas aconsejando
cambiar esta maceta, ponerla en otra ubicación, llevando esta cosa para echar,
este spray para las hojas, etc se nos unieron amistades, entre todos empezamos a guardar alguna esperanza
porque las hojas se habían caído, los tallos marchitos y secos, donde hubo
flores no había nada.
Con felicidad,
nostalgia, lagrimas, sonrisas y una ensalada de emociones las plantas comenzaron
de poco a despertar, día a día son mas intensos los aromas de las rosas, la
menta, la ruda y otros que aun no reconozco, la rutina de regar tiene un recompensa
instantánea en olores y con los días la alegría de la cosecha, las rosas casi
llegan al techo, hasta la pascua esta reverdecida con la promesa de florecer en
navidad, rodeado de colores cierro los ojos y me parece revivir esos momentos
cuando escuchaba a mi madre cocinar y hacer sus cosas, sin verla en la habitación
contigua, sabiendo que esta ahí sin verla….al abrir los ojos un colibrí ha bajado
a las flores.





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