LAS ORQUIDEAS DE MI MADRE
En alguna ocasión
laboral me hicieron llenar un examen para reconocer mi temperamento y resultó que era tipo personalidad “rinoceronte” (no tengo idea de cómo o porque
llegaron a esa conclusión) el caso es ese tipo de persona se abre camino; aparta
los problemas.
Las Orquídeas….
Las hay moradas,
amarillas, blancas, moradas con manchas blancas, rojas y otras tantas combinaciones
que hacen que uno pierda la cuenta, así son las orquídeas. No recuerdo exactamente
cuándo o a razón de que, mi madre comenzó a interesarse y cultivar orquídeas. Así
que un día cualquiera esos pétalos característicos comenzaron a notarse entre
los rosales, las pencas de aloe, las chulas y los galanes de la noche. En
cualquier viaje era casi que obligatorio detenerse a examinar la oferta de
flores en la calle, a veces una orquídea, otras veces una menta o una ruda;
pero, crecía el interés por las orquídeas, que ya entablaban una franca competencia
con los rosales.
Normalmente
asociamos la fuerza de abrirse paso como un torrente, como una avalancha que
con ímpetu aparta violentamente todos los obstáculos; pero, pienso en mi madre y
en sus orquídeas, que se abren paso con paciencia, con suavidad, con perseverancia.
Mi madre que alguna vez fue la joven que jugaba basquetbol, que se dedicó a su
sueño y negocio, que se aventuraba a comprar cincuenta mil naranjas con la determinación
de venderlas (y lo hacía), que a sus sesenta años pidió aprender computación,
que abrió sus redes sociales y llevaba su Tablet (su tabla) en su cartera de
viaje para tomar fotos. Vemos los largos
tallos de las orquídeas emerger para entregar una flor atractiva, fuerte y delicada.
Así era mi mamá-orquídea,
de quien veíamos la flor y perdíamos de vista los tallos y raíces de sacrificios
en silencio, las largas horas de esfuerzo, la tenacidad a no resignarse, esa falta
de miedo al cambio; siempre dispuesta a renovarse, a apostar por lo nuevo, a
confiar que en cada “mañana” habría cosas mejores. Reconozco una herencia de
fuerza; pero, no de fuerza violenta; sino de fuerza perseverante.
Dicen que las orquídeas
reconocen la mano que las cultiva.
Yo que juego a
ser científico; he reconocido que hace dos días las orquídeas de la casa se han
marchitado, mientras mamá emprende su viaje.


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