50 HISTORIAS: Mi mama Cata
Alfredo Espino a quien considero el poeta mas sensible y expresivo de mi tierra, escribió un poema llamado "Manos de mi madre"; ebrio de remordimientos y alcohol, describió con tanta ternura ese paraíso en la tierra que son las manos de mama. No he tenido necesidad de estar ebrio para saber a que se refería.
Hay quienes por tener madres trabajadoras y laboriosas, no tuvimos ese cuido constante por parte de ellas, tuvimos en cambio niñeras; que en mi tierra les llamamos "nana" o "mama (y su nombre)" para diferenciarla de nuestra madre-madre; pero, menos solemne y seria (desde la perspectiva de uno de niño), hace poco visite mama Cata; hago un esfuerzo inútil por reflejar ese momento en mi vida.
y yo que no sonrió, porque mi risa siempre es un remordimiento
y yo que tengo que ser fuerte, porque así me lo pide el Destino
y yo que voy por la vida, sin detenerme con ese raro complejo
de rinoceronte en estampida, te vi, caminando despacio con
esa paciencia obligada por tu andar lento, por las rodillas,
por la espalda, por los pies, por tantas cosas, por tantos años,
te vi, y no has cambiado en nada princesa nonualca, mama Cata mía
vi tus ojos iluminarse, diría que por mi; pero fue por los recuerdos
por ver de nuevo a los niños que cuidaste, propios y ajenos,
que regresaron en ti alegrías y fuerzas, se te notaron las ganas
de volverme a cargar mientras cocinabas, mientras lavabas, mientras
con una mano cuidabas y con otra trabajabas, me tomaste las manos
viste las mías, viste las tuyas y me dijiste que te hacías vieja, que el tiempo
te paso la factura sin que te dieras cuenta, te tome las manos viejita
tome tus manos y sentí la fuerza de un espíritu que avergonzó mi corazón
¿fuerte yo? fuerte que tu, que has vivido años a los que yo no sueño llegar
y a los cuales sinceramente tengo miedo, no tengo tu fortaleza.
sentí los años de lucha, día a día por salir adelante, por sacar adelante
generaciones y generaciones de hijos, nietos y mas hijos y mas nietos
ningún rey, general o arrogante ejercito han ganado las batallas que has librado (y ganado)
sentí un horno chispeante de calor, un corrientazo eléctrico de rayo,
dicen que me enseñaste a beber café a los cuatro años, que me bañabas
en la pila de la vieja casa, que mi peso de hacia caminar de lado...
ahora junto a ti, princesa nonualca, a la sombra de estos arboles
en este patio, en el centro del mundo, de tu mundo y el mio
no hay nadie mas, solo tu y yo, los recuerdos, la sabiduría y respeto
que inspiran la humildad de tus gestos, la limpieza de tus ojos,
la ternura de tus manos, el consuelo de tu voz, el valor que inspira
tu mirada de fuerza, la calma en tus consejos, doy gracias a la vida
por tenerte, el tiempo que fue, el que es, y el que sera.
Gracias madre, mil palabras no bastan, te quiero.


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