Casos y Cosas: La Bestia de Omaha Beach
Heinrich Severloh un soldado como cualquier otro soldado alemán, no era nazi, ni fanático, en sus propias palabras lo que hizo fue cumplir con su deber y no tanto por el ejército alemán; sino, por la estima que sentía por su oficial a cargo. Despertado por su teniente, un 6 de junio con la noticia que la invasión aliada se estaba ejecutando, se alisto en el nido de resistencia 62, a unos 25 metros de la playa.
El armamento incluía 2 ametralladoras MG42, de las cuales una se daño, y no se sabe a ciencia cierta cuanta munición estaba disponible; sin embargo, se maneja un mínimo de 12,000 balas. Disponían de cañones de ametralladoras de reemplazo, de forma que cuando el cañón del arma se calentaba, este era intercambiado y se podía seguir disparando, hubo ocasiones, según narra el mismo Heinrich que los cañones estaban muy calientes y le toco usar una carabina Máuser, mientras los cañones se enfriaban.
Sumando los 12,000 cartuchos de la ametralladora y los 400 de la carabina entre el tiempo que paso atrincherado disparando que fue aproximadamente entre las 6:00 AM y las 3:00 PM, el cálculo arroja una bala cada 2.6 segundos, con un estimado de 1,000 bajas. Fue bautizado como “La Bestia de Omaha” y su identidad revelada hasta hace poco menos de 10 años. Vivió por muchos años con pesadillas y con una carga de culpa, no por actuar por fanatismo, sino, simplemente como un soldado cumpliendo con las reglas de camaradería y lealtad hacia sus compañeros y oficial.



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