La ventana mágica en la ciudad lejana.
La ciudad había cambiado; eran más de 15 años de no visitarla, una niña recién nacida era una señorita en el tiempo transcurrido desde la última visita. El amanecer lejano; coloreaba de rojos, amarillos y azules el cielo, el clima era frió y oteaban nubes lejanas. El chocolate estaba caliente, humeaba y el vapor aromático se mezclaba con el olor de las begonias y orquídeas de la ventana.
Esa ventana; que no solo era una ventana hacia el cielo, era un cuadro vivo, una película de amanecer en cámara lenta, la visión de un sueño que se aclaraba y se volvía más vívido. Sentado en la sillón , recordó el camino recorrido, un viaje de más de mil kilómetros, un viaje entre dos dimensiones, entre dos mundos, entre dos formas de vidas, entre dos almas y una gran zona intermedia…gris, no definida, irreal o surreal.
El día despertaba, el sol lejano al inicio, que asomaba tímido en el oriente, lleno de edificios lejanos, tomo fuerza, nuevos ruidos se incorporaban a esta sinfonía improvisada, ecos de vehículos, de personas, de aves urbanas y de vendedores comunes, motores de todos tipos intervenían en compases caóticamente rítmicos. Un recuerdo lejano y muy íntimo emergió; esta parte de la vida ya la he vivido, era otra ventana, otro sillón, otro continente: pero, el sentimiento es el mismo, lo que hay tras la ventana es la escena repetida de una historia nueva. Un deja-vu; dos espejos uno frente al otro, esa sensación nostálgica venida de la nada.
El sol quemaba, a pesar delos soplos de viento templado. A través de las sombras proyectadas por la luz, se podría calcular que el periplo del día se acercaba. Toda una mañana sumido en los mismos pensamientos, en los mismos recuerdos, en las mismas preguntas, y por primera vez en toda la mañana se acercó a la ventana, y ver más allá del encuadre que esas cuatro líneas permitían ver. Vio las calles, los techos, el cielo, las personas y sus rostros. Lanzo un suspiro, miro al cielo y se preguntó si existe una razón para cada una de las cosas que suceden en la vida.
Examino el mapa, consulto la brújula, que era el sol y su camino trazado en el cielo. Agarro su mochila atestada de recuerdos sin ordenar y se lanzó a caminar al norte. Cada paso, era un recuerdo clasificado, ordenado o desechado, pensó en las posibilidades que surgen en cada segundo por las decisiones tomadas, en la paradoja del Destino ya escrito que se modifica en cada momento, en los cruces de camino, en los viajes inesperados.
Se detuvo en una avenida transitada, respirando la ciudad, capturando la esencia dentro de sus pulmones y la estampa en su memoria, y toda la filosofía se esfumo, no había más…nada… vacía la mochila de recuerdos, estos se habían penetrado la corteza del cuerpo y se habían fundido en un pasado común. Una etapa, sus temores, dudas, esperanza, ilusiones y momentos se elevaron en vuelo.
De regreso al punto de partida; a través de las ventanas del metro, viviendo un mundo diferente, se sintió lejos de casa y al mismo tiempo, tentado por la aventura de un estilo de vida nuevo, un viaje sin sentido aparente, un viaje para abrir y sanar heridas, un viaje de transformación, un viaje corto, un viaje a tu ciudad, un viaje a ti, un viaje a algún lugar…lejos de tu corazón.
PD. Las reglas de la vida avanzan, ¿quien quiere los primeros capítulos a cambio de una sana critica?

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