Como decía Rocky...aun no escucho la campana...
Recuerdo que tendría como 10 o 12 años, no estoy seguro, la primera vez que fui al estadio Flor Blanca (me resisto a llamarle por otro nombre); a ver la partida de la maratón de la independencia, sentado en las gradas junto a mi padre, en un amanecer del 16 de septiembre el año no me acuerdo, me llamo la atención al momento de la partida, como los más veteranos salieron en una estampida digna de una carga de caballería, corriendo a todo motor (humano por supuesto); cuando la cabeza de esa descomunal serpiente humana desaparecía por los portones del estadio, 300 metros atrás en la cola, los últimos lejos de mostrar la seriedad y empeño de los veteranos, los más jóvenes estaban esperando que ese moustro se comenzara a mover; con una camiseta en la cabeza; Dago, a quien yo solo conocía de vista chisteaba con los demás pensando quizás en los 48 kilómetros que tenía por delante.
Vi a Dago de nuevo, dos horas y media después y creo que con unas 3 libras menos de peso, le hacían falta como unos 7 kilómetros para la meta, traía buen paso, la camiseta de la cabeza había desaparecido y de hecho la camiseta que usaba también, un par de kilómetros después veían los veteranos que salieron en estampida inicial, asido de la mano de mi papa, me dijo: - el próximo año estarás ahí.
Y no paso un año, fueron algo así como 4 meses cuando mi regalo de cumpleaños fue ir a Guatemala a correr una maratón, los corredores chapines desde que yo recuerdo se han llevado los primeros lugares, así que ir a la región de los grandes era interesante, aun hay una foto mía, en uniforme blanco, trotando junto a un patojo y más atrás un chele, faltaban dos kilómetros para la meta y fue la primera de muchas veces que mi papa salía a encontrarme antes de la meta; fue la primera de muchas veces donde apreté el paso a pesar de estar cansado, fue la primera de muchas veces que corría sin sentir nada de la cintura para abajo, la primera de muchas veces que pensé que caería; pero, la inercia me hacia seguir. Con el tiempo le encontré gusto a esa sensación; claro, ya habían pasado varios años cuando mi papa contaba entre risas que un día no me encontraba, que veía pasar corredores y su hijo no aparecía, que algo debía haber pasado y de repente…de repente vio una cabeza pelo parado en la ambulancia que pasaba y supo que su hijo iba ahí; así es, termine deshidratado en la ambulancia; ese día me excuse que había sido la leche, el estomago, el agua, el sol, etc.…la verdad es que ese día tuve miedo. Le tuve miedo por primera vez miedo a esa sensación de pulmones a estallar, trazos eléctricos en las piernas y luces nublando la mirada y me detuve…
La maratón Santiago nunca me gusto porque a diferencia de las demás se corre por las tardes en Ciudad Delgado, mucho sol, mucho calor, muchas cuestas y algunas calles dignas de ser campo traviesa. Como se corre por circuitos, me perdí, en un cruce, perdí varios kilómetros corriendo en un circuito equivocado y me toco retomar el circuito correcto, entre el enojo y la decepción no sabía si correr más o tirar la toalla, recuerdo que fue la primera vez que mis hermanas fueron a verme, y me enfrente de nuevo a ese miedo de probar los límites de la resistencia, recuerdo la cuesta de Paleca con cariño y respeto.
Creo que lo peor que le puede pasar a cualquier humano es no (al menos por una vez en su vida) probarse sus límites, seguir cuando todo te dice que no se puede mas, tener miedo y superarlo, sentir que se va a fracasar y que esa misma seguridad en el fracaso te haga seguir; porque total, la derrota es segura; pero, el triunfo es una esperanza. Y lo mejor de todo, es que si lo haces una vez, te enamoras de esa lucha; al final ganar poco importa; se encuentra un placer en esa batalla, en no rendirse, el sentir que el pecho estalla sin aliento y tan cerca de la derrota puedes saborear el triunfo….toma esta bandera, no preste oídos y lánzate a la carga; este día, si corres a todo vapor y al límite de tus fuerzas; será un día que no olvidaras, las mejores victorias ; son esas victorias anónimas, cada día, cada minuto que llevaras dentro de ti y nadie te las quitara…el mejor guerrero no es el que gana siempre, sino el que siempre regresa a luchar..Una vez más…y otra mas, así que ...Adelante guerrer@...

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