CAP 3: LA PRIMERA LEY DE LA MALA SUERTE (Parte 1 de 2)

Y así comenzó el viaje, literalmente hundido en el asiento del autobús, tratando de pasar lo menos expuesto posible y con un calor soportable; pero,  que  me provocaba sueño,  asique no tarde en quedarme dormido, en la somnolencia sentía que el autobús se detenía, paraba en semáforos, cruzaba calles, sentí que alguien se sentó en el asiento contiguo y luego el autobús enfilo en carretera abierta, el sol ya había comenzado a bajar cuando desperté. Los campos que se extienden a ambos lados de la panamericana era amarillos, claramente se notaba que estábamos en verano, las lluvias aun estaban lejanas, en ese momento pensé que en color amarillo del cabello de …. , aun trataba de asimilar lo que acabada de pasar, tendría más consecuencias o tan solo sería un incidente?
-Yo conocí estas tierras cuando no habían tantas casas, cuando la carretera era solo de una carretera de herradura y los buses tenían chasis de madera, eran toda aventura bajar desde Xela hasta Champerico en esas vainas…
Mire hacia el lugar de donde venia la voz, y ahí estaba, delgado, moreno, con un bigote ralo, el rostro cruzado por numerosas arrugas y la piel curtida por muchos días bajo el sol, vestía una camisa que se notaba a leguas que tenía mucho y continuado uso, lo mismo que los jeans gastados.
Eran otros tiempos – continuo – todo era más sano y las cosas se arreglaban entre hombres, fácil y rápido.  Fue en ese momento que note que sobresalía algo de su cintura, sospeche un cacha de un arma. 
-          Yo en esos tiempo trabajaba en los cultivos, era un niño, mis papas eran braceros, se movían de acuerdo a las temporadas de corta, de mi natural Masaya no recuerdo nada, al menos no de esa edad, porque generalmente nos movíamos entre las cosechas de café de El Salvador y Guatemala, un par de veces intentamos en las bananeras hondureñas y chapinas del Atlántico, pero a mi ma´siempre terminaba con alguna fiebre tropical, y luego en medicinas y cuidarla se gastaban lo que habíamos ahorrado, entonces mi ápa decidió que no valía la pena viajar tanto y tan lejos, además eran los 60 y 70 las mejores épocas de los cultivos de café, a mi me gustaba, habían lugares que me gustaban más que otros, pero siempre había gente conocida que nos recibía, que veíamos cada cierto tiempo, se acostumbra uno a vivir con todas sus cosas en una maleta, con poca ropa, con pocas pertenencias, criado en el campo, yo no conocía las ciudades, a veces pasábamos por pueblos grandes, veía muchos carros, porque en las fincas habían camiones, de esos Ford grandotes y los carros de los dueños,; pero, en las ciudades que a mí me parecían hormigueros de gente habían mas….ciudades hormigueros….jajaja….cada vez que lo pienso me da risa, imagínese que en aquellos tiempo los cuatro países de Centroamérica no sumaban ni 20 millones de habitantes y mire usted, hoy somos más y en las mismas  tierras y en las mismas ciudades.
Yo a este tipo de gente ya me la puedo me dije a mi mismo, es de la gente que necesita hablar y que no paran de hablar, la verdad yo nunca he tenido paciencia para esta gente, así que comencé a planear mi estrategia, bien podía fingir quedarme dormido o bien podría volver a dormirme si me esforzaba un poco y la suerte me ayudaba….
-          Y como le digo, uno que es de campo, ve las cosas que no entiende con recelo, porque yo decía, si en las ciudades no hay nada, como hace la gente para comer si no hay árboles, no hay cultivos, de dónde sacan la comida, la idea de vivir rodeado de tantas casas sin lugares donde correr se me hacía muy extraña, yo que siempre me baje los pantalones en medio de los arbolitos y matas no acertaba a entender cómo se las arreglaban en la ciudad..jajaja…se imagina usted las cosas que uno se ponía a pensar de niño, pero, eso fue cuando yo tenía menos de 10, hace muchos años, me recuerdo cuando cumplí 12, ese día me cambio la vida, mi ápa me llevo a comer a un restaurante en San Pedro Sula, íbamos de camino para Guatemala y mi áma ya se había adelantado con mis dos hermanas, el restaurante era de pollo frito, una delicia para mi, jamás lo había probado, ni las papas fritas, la dieta que teníamos era de tortillas con frijoles, básicamente, aunque las tortillas varían de país en país, pero la dieta era esa, o bien tamales eso sí, mucha fruta, de cualquier lado podías encontrarte un palo de mango, de almendro, de guayabas, pero los favoritos eran los mangos, no sé porque siempre me ha gusto  lo acido,
Yo ya me había acomodado de nuevo en el asiento, subiendo la cabeza lo más posible y apoyándola en el respaldo, para darle a entender que trataba de dormir, pensando que quizás así cortésmente lo hacía entender que no estaba interesado en su plática, pero...Ahhh…craso error, ni a él le importaba si yo no lo escuchaba, ni tampoco el entendía muchos de mensajes indirectos.
-Hoy es mas común ver ese tipo de restaurantes, pero en aquellos tiempos, como le repito no se veían mucho, era otro planeta, mi ápa ajustaba para mantenernos, no había plata pa mas, así que nosotros no pedíamos, sino lo que nos daban, mi ápa compro un plato que compartimos los dos, a partes iguales, esa fue la primera vez donde comencé a reconocer la pobreza, porque si bien sabia que éramos ricos, y eso lo tenía muy claro, tampoco me sentía pobre, en nuestro mundo de migraciones, no tenía un comparación, hasta ese día.  Desde ese día me persiguieron muchas preguntas, la pobreza no tiene edad ni hay que ser muy sabio para entenderla….

En medio de esa retalia de historias y reflexiones mire el reloj, 04:54 PM, aun teníamos por delante dos horas de camino, tenia sueño y cansancio acumulado de la noche anterior, aparte que dormir en la calle no era tan incomodo; pero, todas las emociones, prisas y estrés de las ultimas 24 me tenia realmente cansado y no iba a poder dormir con este señor hablando hasta por los codos..o si podría?, comencé a cabecear, en mis oídos escuchaba las palabras lejanas, con un ritmo lento, como quien escucha un zumbido lejano, no irrita pero no te deja tranquilo, apoye la cabeza contra el vidrio pero la vibración del autobús me molestaba, volví a colocar la cabeza contra el respaldo del asiento, por un segundo creí haberme quedado dormido..Pero ahí estaba esa voz, insistente como un zancudo en medio del calor de semana santa.
                -Ya cuando tenía 13 decidí que no quería seguir viviendo así, le dije a mi ápa que quería quedarme en un solo lugar, que quería estudiar y dedicarme a otra cosa, mi ápa me respondió que un pobre es pobre en cualquier lado, que la única diferencia es que hay pobres que sobreviven trabajando de lo que no les gusta y otros que si, y que para él, lo que le gustaba es ser errante cíclico, si a mí eso no me gustaba estaba bien para él, así que me envió a vivir  a la casa de la abuela, que por cierto no era mi abuela, sino la señora que crio a mi ápa, porque ni ápa fue abandonado, y mi abuela lo recogió..mi abuela, nombre muy formal para mi nana chila, así que regrese a Masaya, bueno, tampoco regrese a Masaya, sino Boaco, porque por esos días mi nana murió y de entre los familiares que quedaban me fui donde una tía segunda, me  sentí un poco huérfano, aunque me trataban bien, era gente que yo no había visto nunca, en Boaco, conocí a Lucio y a Fermín, asistían a la misma escuela donde comencé a ir, ellos y yo compartíamos ser los más viejos en una escuela donde casi todos eran niños, nos hicimos amigos más por complicidad que por otras cosa. Con ellos comencé a hacer todo, desde ir a clases, jugar beisbol, asistir a la iglesia… sobre todo asistir a la iglesia me cambio la vida, ahí escuche por primera vez la igualdad de todos los seres humanos, de la justicia, de una forma de pensar que nos hacía a todos iguales antes Dios, y que promulgaba hacernos a todos iguales en la tierra, eran mitades de los 70, y mientras los Somoza mandaban en Nicaragua, los Estados Unidos salía de Vietnam, y el mundo era un polvorín con problemas en todos lados, sobre todo en Centroamérica ya se escuchaban tambores de guerra en todos lados, así, pase de la escuela a la catequesis, de la catequesis a la organización clandestina, un día tome un arma y me incorpore a la lucha, yo ya tenía mis modelos, mis ídolos, me impresiono mucho la foto del Che, esa que se hizo famosa después, como muchos me deje crecer el bigote y la barba como el, el pelo me lo deje crecer más por falta de peluquero y tiempo, porque sentía prisa por ver un cambio, con la impaciencia propia de la edad, deseaba que todo fuera fulminante, pero éramos pocos, comparados con los militares y por la represión  brutal y sangrienta que imponía  el “dueño” de mi país. Hasta ahí todo bien, podría estar aquí hoy diciendo que cumplí mi parte en la historia y ser una persona normal, con  recuerdos buenos y malos; pero no, una mujer hubo de cruzarse en mi camino para dejar mi vida hecha un mar de recuerdos vagos y sentimientos divididos. Por esa mujer, con quien compartiría por igual la mayor alegría y tristeza de mi vida, cambio mi rumbo, ella era maestra de escuela, lo dejo para convertirse en una de las mejores comandantes de la revolución nica, la comandante dos, claro….si era la dos, estaba cerca del comandante uno y del comandante cero……siii…..yo conocí al comandante cero, el único….yo participe en la toma de la chanchera…pero eso fue hace años……de eso se han dicho muchas cosas, muchas ciertas y otras que no tienen ni una pizca de verdad……mire…las cosas fueron así…..

mirando a través del espejo, cuando ya el sol comenzaba a ocultarse pensé....si no hay mas remedio que escuchar....

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