CAP 2: CUIDADO CON LAS DECISIONES DEL CORAZON (PARTE 2 de 2)

En el lenguaje de calle de mi país, un cuete es una pistola, un revolver, era épocas conflictivas y estábamos en una manifestación con claros tintes revolucionarios en un país claramente militarizado en medio de una guerra civil, era claro que en algún momento podrían haber problemas; pero, eso no significaba que nos iban a repartir armas a diestra y siniestra, por lo cual le pregunte:
-y vos de que te has dado cuenta?.
Me conto que se le había visto una a Adolfo y a Germán al momento de regresar de su reunión, que después se hecho el rollo de cómo Adolfo desaparecía con alguien más del grupo y después regresaba a desaparecer con otro, Max, que era todo un intelectual podía ser muchas cosas, menos tonto y se dio cuenta de lo que estaba pasando. Pensé que eso era lo que yo había visto y que me puso nervioso; pero el acto continúo hasta su fin sin que nadie nos viniera a buscar, ni a Max, ni a mí. Max se desanimo un momento, yo suspire aliviado; pero luego Max retomo su felicidad cuando al terminar el acto alrededor de la una de la mañana se le acercaron nuestros contactos y le contaron que a los invitados nos repartirían a lo largo de la marcha para que tuviéramos la oportunidad de interactuar y ver, para hacernos entrar en calor nos dieron camisas alusivas a la marcha, con la característica chalana y un capirote que a Max en particular el encanto. El capirote es una capucha tipo de esas que se utilizan en las procesiones de Semana Santa, solo que cada facultad utilizaba una de un color diferente, yo obviamente iba con los de mi facultad cuando se me acerca Alexa y me dice con su voz dulce dulce: - no te vas a ir con mi facultad?. Y  claro que se dice en una situación así?; así que nos adelantamos medio desfile y me dieron un capirote blanco, se me hizo gracioso porque me imagine que pareció el Ku Klux Klan, ahí andaba Germán y Adolfo, cuando me vieron llegar me saludaron y mientras se daba la hora del desfile temprano en la mañana (era un poco más de las dos de la mañana); buscaríamos donde descansar. Una banca y un árbol de un parque nos sirvió para eso, yo recostado contra un árbol, con casi 24 horas sin quitarme los zapatos, con un viaje sino largo; pero, si cansado, tenia sueño y como me sentía muy cómodo rodeado de tanta gente yendo y viniendo con los preparativos, cerré los ojos, no podía dormir, no por lo cansado sino por los zapatos, no sé por qué; pero, para dormir necesito tener los pies desnudos, aun en las mayores heladas que sufrí años después en la Patagonia argentina, siempre necesite desnudar los pies para dormir cómodo. Germán y Adolfo se sentaron en la banca a beber café, a fumar y a tratar de matar el tiempo mientras se hacía de madrugada, era una madrugada fría; pero, los reflectores, el trajín y la gente calentaban el ambiente.

Yo sabía que ellos sabían que no estaba dormido, sino que únicamente había cerrado los ojos, por ese motivo, los temas que hablaban eran triviales y de vez en cuando se escuchaba un susurro imperceptible, señal que algo no querían que yo supiera, en un par de oportunidades alguien vino a buscarlos y lo que hicieron fue alejarse unos metros y hablar en voz baja, nuevamente había algo que no terminaba de gustar.

Alrededor de las cinco de la mañana, apareció Alexa, me traía desayuno y desayunamos juntos, tenía una cara de cansancio que se le notaba a leguas; pero tenía un entusiasmo y una energía que la irradiaba por los poros y casi que la formaba un aura. Comencé a preguntarle cosas más personales, de su familia, de su vida, de cómo había terminado haciendo lo que hacía, de su vocación de médico, de su interés por expresar las injusticias.  Me conto que ella era tercera generación de médicos, sus hermanos, sus padres y su abuelo, todos graduados de la misma universidad, todos participantes de la huelga, todos participantes en algún momento de la lucha mientras hablaba hacia pausas, veía todo a su alrededor como con un poco de melancolía, después se animaba y recordaba cosas más divertidas, por ejemplo que en los tiempos de su abuelo tocaba desfilar con saco y corbata porque esa la usanza de la época, que luego el gobierno se militarizo y se volvió más complicado, recibí una clase completa de historia asociada a la vida de una familia, historias de protestas, de experiencias, de intimidaciones, me contaba que uno de los mejores de su papa, había apoyado la toma de la embajada española en el 75, la toma que era una protesta para llamar la atención a los problemas indígenas termino en una recuperación violenta por parte de las fuerzas armadas, todos murieron excepto uno, que poco después murió sospechosamente en el hospital. Dentro de la lista de víctimas estaba el papa de quien años después sería una premio nobel de la paz, luego la escalada de violencia, la parte las complicada de la guerra a finales de los 80 y de cómo ella vivió la muerte de uno de sus hermanos, el más querido. No sé ni en qué momento paso esa hora, a mi me pareció que el tiempo se había detenido, era una de las horas que más lentamente había pasado en mi vida, paso el tiempo tan despacio que puedo recordar cada gesto de ella que acompañaba a cada palabra dicha. Sin embargo, el tiempo, por lento que transcurra siempre pasa y ella necesitaba reportarse a su grupo y yo integrarme al mío. Verla alejarse me dio un sentimiento de abandono, me quedaba con Germán y Adolfo que no era precisamente la compañía que yo hubiera elegido, además que tendían a desaparecer muy mucha frecuencia; sin embargo, se interrumpieron mis pensamientos cuando a mis espaldas escuche la voz de Max, que venía corriendo con cara de preocupado.
-como te va? Que haces?- pregunte
-vengo a contarte algo, ya se para que eran los cuetes.
-y para qué son?
-van a agarra a alguien que sospechan que es infiltre o un oreja.
-de veras? Y de quien sospechan?
Con cara muy pálida y mirándome alrededor me dijo muy serio
-ellos sospechan de ti.

Se me  helo la sangre, me entro una paranoia, mirando para todos lados le pregunte: - y vos como te has dado cuenta?
-dicen que hay un comandante de una guerrilla, que esta infiltrado, que él sabe cosas tuyas y que ha llegado a la conclusión que sos infiltre.
-conmigo?pero si nadie ha hablado conmigo?, debe ser un malentendido. En ese momento se me ocurrió buscar a Alexa, contarle y ver que pensaba ella, o la otra era Germán, aunque de él ya sabía que estaba medio loco; pero, tenía la ventaja que estaba en su medio, que todos eran peces de su charco.

Max continuo: - mira viejo, van a dejar que todo pase normal, haremos la marcha y al final, cuando estemos entrando de nuevo al campus, te van a agarrar….yo no sé qué hacer, se supone que no sé; pero, ya me vieron aquí hablando con vos y si algo pasa pensaras que hable y lo que he pensando en irme a mitad de la marcha y desaparecer, que decís?, nos vamos? Creo que estamos en el lugar equivocado.

 La verdad es que las palabras de Max, fueron la confirmación de algo que yo había sentido desde hacia unas horas atrás, por otro lado no dejaba de pensar que todo era un contrasentido, una confusión extraña y loca, quedamos en que a mitad de la marcha si todo salía mal, yo lo buscaría, me quedaría rezagado y nos daríamos a la fuga. Sinceramente pensaba que todo se aclararía, no podía en ese momento imaginar, que no había confusión: efectivamente alguien quería sacarme de este mundo.


La marcha comenzó y a medida el sol buscaba el punto más alto, el calor también arreciaba, bajo la capucha se sentía un calor horrible; pero, no tanto como para quitársela, además, no era muy tentador ir descubierto, entre el público se veían rostros claramente identificables como miembros de cuerpos  de seguridad pública, en la primera parada obligatoria, Germán se me acerco: -ven, quiero hablar con vos.

A un lado de la calle, mientras pasada del asombro a la incredulidad, Germán me dio una de las primeras lecciones de vida que nunca olvidare: la comandante Alexa, líder de una célula urbana, ideóloga radical que tras la fachada de una simple estudiante, ocultaba la más fanática de los jóvenes líderes del brazo armado de un partido clandestino. Dictaminó mi purga, por no tener lealtad ciega a las órdenes de la organización. Todo el plan, quienes, a qué horas y a donde terminarían mis huesos habían salido de su cabeza.

-Germán, porque me contas todo esto?.
-no seas tonto bicho-me respondió- vos te condenaste cuando le dijiste que cada uno tiene que seguir sus convicciones y su propia forma de pensar, y los extremistas y fanáticos solo entienden en que tienes que obedecer ciegamente y ya.
-Pero no entiendo, que no sos de ellos pues?
-Claro, pero, yo ya pase dos revoluciones, y en ambas vi a los mismos locos y las mismas locuras, y ya estoy cansado de esto; pero, es el único mundo que conozco, no puedo dejar de ser lo que soy, al llegar a la plaza central, alguien te estará esperando, yo lanzara una bolsa de agua en un lugar y donde caiga la bolsa ahí te quedas, alguien llegara por ti, te dará ropa y te pelas de una vez, y no te detengas hasta llegar a tu casa, de acuerdo?

Mi cabeza, un remolino de ideas, no dejada de pensar. Y si el escape es la trampa, y si no hay trampa y el escape es real?, que se hace cuando ninguna opción se perfila como real?. Comencé a rezagarme, sin perder de vista a Germán y Adolfo, esperando ver a lo lejos a Max; pero, la marcha zigzagueaba mucho en las calles estrechas del centro, sin ninguna calle recta que permitiera una visión más allá de 50 metros. Antes de llegar a la plaza Central y aprovechando que por pintar una pared, varias guardias de seguridad privada armaron un conato de pleito con la marcha, abiertamente Salí de la fila y me encamine hacia la parte posterior donde marchaba Max. Lo veo y me dice:
-listo?
-listo –respondí.
La seguridad de Max me dio cierta inseguridad, estaba realmente paranoico. Años después cuando conocí a Luciano y me contaba que saberse perseguido por ser el guía del Ernesto El Che Guevara cuando visito el país, le había derivado en una psicosis y paranoia que lo volvería loco, entendí muy bien a lo que se refería.

Max- le dije- voy a ir a ver si ya esta German mas adelante y asi nos damos a la fuga por la cola de la manifestación – Vaya pues – me responde..dale.

Claro que me adelante; pero, no para vigilar a German, sino para separarme de Max, en la primera esquina me sali de la formación de la marcha, entre a una tienda y al salir ya me había quitado la capucha, ya en la tienda me habai puesto una camisa sin los logos de la marcha y me puse una pañoleta en la cabeza, bebiendo la gaseosa que me había comprado, marche en dirección contraria a la marcha, evadiendo entre la multitud la mirada de Max que ya me habai perdido la pista y me buscaba entre la multitud. Dos cuadras después me Sali de la calle principal por donde pasaba la marcha y camine por calles adyecentes durante 10 minutos, después de eso comencé a correr..y corri…corri, como pocas veces lo había hecho en la vida, por suerte la terminal estaba cerca, me tarde como 20 minutos, cada paso miraba el reloj, pero me parecieron horas, llegue, frente a la ventanilla de la terminal, me quede en blanco. El cajero me repitió tres veces..Pasaje a El Salvador señor??....y a la cuarta vez me hizo salir de mi schock….nooo…sería el primer lugar donde me buscarían, y si salía para Honduras y entraba por la otra frontera…mmm…no salía de nada, la terminal era internacional. Me separe de la ventana, Sali a la ventanilla y la solución…extrema…apareció frente a mi…la terminal de occidente..claro…si viajaba en la dirección contraria los despistaría por un tiempo, además tenía una ex novia en Xela a quien podía visitar; cruce la calle, compre el boleto en el primer autobús disponible y subí de una vez, se senté al lado de la ventana, cubriéndome con una gorra que compre, con lentes oscuros y como precaución adicional, no abriendo la cortina de la venta.

Sorpresa….a los minutos, llego Max con tres desconocidos, subieron a ver los autobuses hacia El Salvador, quien lo diría, la persona que supuestamente iba a ayudarme…..aahhh…doble sorpresa…..llego en otro segundo grupo Germán y Adolfo…que no me extrañe….desde la calle contraria empecé a sentir ese frio en la espalda, pensando que quizás se les pasaría por la cabeza mi idea fantástica de escape, me hundi en el asiento….agazapado tras la cortina seguía los movimientos de todos, buscaron en las salas de espera, tras los autobuses, en las cafeterías, los baños, subían y bajaban de los buses, podía verlos a todos y ya estaban llamando a salida a mi autobús, tan pronto esa puerta se cerrara, habría escapado de esta aventura tonta y peligrosa.  Dos toques en mi gorra me hicieron volver la mirada…era German!!!! y dentro del autobus..estaba perdido, pero no....solo sonrió y me dijo – no te vayas sin despedir, cuídate- y siguió caminando por el pasillo rumbo a la puerta… me dejo estupefacto, sudando helado…bajo y lo perdí de vista, la puerta del autobús se cerro y comencé el viaje hacia el occidente…sacando conclusiones.


Regla de Vida: Desconfía de todo lo que parece ser fácil a primera vista, las loterías no existen en esta vida, y cuando las cosas vayan mal, ser justo y recto te salvara (si no te salva al menos te queda la satisfacción).   


Sigue.........

CAPITULO 3: LA PRIMERA LEY DE LA MALA SUERTE.

Comentarios

Entradas populares